HÁBITOS COMPULSIVOS



Un último uso de la práctica de las Tres Respiraciones se da cuando nos dejamos llevar por nuestros hábitos compulsivos como: soñar con los ojos abiertos, navegar por internet o estar muy ocupados. 

Estas tendencias son a menudo muy seductoras y, por norma, tenemos poco interés en abandonarlas. Pero, tal como decíamos con el malestar, es posible pactar con el yo (que en este caso se presenta como una mente compulsiva) acordando volver a la realidad solo durante tres respiraciones y después, regresar a nuestro comportamiento habitual.

Pongamos, por ejemplo, que estés sentados ante el ordenador, pasando de una cosa a otra, distraídamente y engañando el tiempo con actividades compulsivas. Quizás, os despertéis por un instante y os deis cuenta de lo que estáis haciendo.

No sería real creer que sencillamente podéis deteneros y levantaros de la silla: sabemos que los hábitos compulsivos son reacios a la razón y a la autodisciplina.

Pero algo que la mente compulsiva podría estar dispuesta a hacer es darse una pausa de tres respiraciones, sobre todo porque sabe que enseguida podrá volver a su tarea.

Experimentemos plenamente del hábito compulsivo a lo largo de tres respiraciones. Se trata de una experiencia física que implica una sensación de aceleración y de energía en el cuerpo. La idea no es la de quebrar el hábito compulsivo sino de percibir el malestar que motiva el hábito compulsivo. 

Tras las tres respiraciones os permitiréis volver al estado habitual de sueño con los ojos abiertos. Después, tras un rato, volved a plantearos el mismo acuerdo. Y así sucesivamente. Entonces, tras haberlo hecho varias veces, podríais descubrir que los circuitos del poder seductor del hábito compulsivo se rompen espontáneamente.

Textos libres tomados de internet

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